Nos pasamos la
vida exagerando las cosas. Llevando las situaciones a extremos preocupantes. No
nos damos cuenta de que parecemos una panda de borregos luchando por llegar a
la cumbre de un acantilado del cual acabaremos cayendo. La gente no sabe que
antes de actuar hay que pensar y tener bien claro a donde queremos llegar.
Vivimos en una sociedad en la que hay que andarse con cuidado, en la que nos
hacen creer cosas que no son y en la que los menos listos se lo creen. La gente
es lo suficientemente educada como para no hablar con la boca llena pero parece
que no les importa hacerlo con la cabeza hueca. Vivimos rodeados de egoísmo y
de desconfianza. Criticamos a la gente por cada defecto y no nos damos cuenta
de que la perfección es subjetiva. Vivimos en una sociedad en la que la gente
vive de esperanzas pero realmente no sabe ni que espera. Siempre quejándonos de
todo y a la vez fingiendo no darle importancia a nada. Intentando llegar a
ninguna parte, luchando por una meta que cada vez esta más lejos y que muchas
veces ni esta. Y es que sin uno mismo quererlo la sociedad ha hecho que entres
en su juego para que seas uno más entre tanto infeliz, parece que, así, entre
infelices crece la falsa felicidad; y mira que me parece triste esta situación.
Lo mismo ya es tarde para esta sociedad pero para los pocos que les queda algo
de cabeza, me gustaría recordar que, por favor, nunca te duermas sin un sueño
ni te levantes sin un motivo, tampoco vivas por nadie que no este dispuesto a
vivir por ti, recuerda que ningún día se parece a otro y que nadie se parece a
ti. Que sólo hay una persona capaz de comprenderte y esa eres tú misma.
Valórate y ten siempre presente que tú eres tú, no hace falta que te compares
con nadie ni que pretendas ser quien no eres. Así es que abre los ojos y mira a
ver donde quieres llegar antes de meterte en un juego del que no escaparas tan
fácilmente.
jueves, 14 de marzo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
No tengo moral. Sé manejarme
perfectamente en situaciones escandalosas. Supe mostrar mi mejor cara habiendo
hecho cosas cuestionables. Tengo la sonrisa fácil y el cinismo sale por mis
poros. ¿Cuál es el límite? Me lo pregunté muchas veces, pero es que ahí está el
problema. El límite está en mi control. Puedo soportar cualquier circunstancia,
mientras sepa lo que esta pasando. Necesito entender lo que ocurre a mí
alrededor, nada puede salir de mi control. Nada puede escapar del modelo de mi
mente, sino la culpa aparece en mí, sin piedad, dando mil vueltas por mi cabeza
y haciéndome plantear tantas posibles hipótesis que acabo por creerme culpable.
Siendo capaz de mentir con una sonrisa, de manipular disimuladamente para poner
cara de asombro cuando todo explote. Mi límite es lo ajeno, esa delicada línea
que me separa del resto del mundo y que no puede ser traspasada.
domingo, 10 de marzo de 2013
The Beatles
Me asombra
la importancia que tiene la música sobre nosotros; el poder que encierran un
par de canciones y la verdad que esconden un par de versos. Un simple gesto
como es dar al play nos permite viajar en tiempo y lugar. No hablo de esas
composiciones perfectas, completas, brillantemente adornadas o que se
consideran obras maestras, más bien hablo de todas esas canciones que cuentan
una vida, que componen la interminable melodía de cada uno. Como esa canción que cantaste a voz en grito
una noche de locura con los amigos por medio de la calle, sin vergüenza alguna
y con una gran dosis de droga que recorría vuestros cuerpos. O como esa otra
que siempre te recordará a tu mejor amigo o amiga, a esa persona que tanto te
conoce y con la que has pasado tantos años. Como esa canción que sonaba aquel
sábado que tanto recuerdas ya sea por lo bien que te lo pasaste o por lo poco
que te acuerdas de esa noche. Como esa otra que fue la causante de que te
quedases afónica un par de días. O esa que os hizo bailar de forma “sexy”, un
tanto estúpida, para echaros unas risas. Como aquella canción que tiene la
capacidad de arrancar una sonrisa de tu cara y de hacerte ver el día con un
poco más de luz; y, por el contrario, aquella capaz de hacer que broten de tus
ojos un par de lágrimas cada vez que la escuchas. Esa canción que te recuerda
que has de levantarte con fuerzas y optimismo cada mañana. Esa canción que
escuchas en el autobús mientras dibujas en el vaho de los cristales y recuerdas
quien te la enseñó. Aquella otra que escuchaste por primera vez junto a alguien
especial. O esa de la que sólo conoces el estribillo pero aun así la sigues
cantando cada vez que suena, inventándote cada vez una estrofa.
Cada persona, cada
momento, cada situación que haya significado algo en tu vida, tiene una
canción.
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