martes, 11 de septiembre de 2012






Antes de que digas nada y rechaces todo esto, dime al menos dónde puedo encargar a alguien como tú, igualito a ti, aunque sea una copia barata, con eso me vale. Pero encárgate de que venga con todos tus defectos incluidos en el precio. Pídeles que me plagien tu esencia, y tu estúpida manera de reírte de mí. Que consigan copiar tu manera de hablarme, con todas esas palabras que consiguen cambiar mis pensamientos y mi forma de ver la vida. Lo quiero igual de artista, con la misma iniciativa, no me importa pagar gastos adicionales. Diles que no escatimen en tus detalles, y que le jodan al copyright pero quiero calcadas todas tus bobadas. Que no le cambien tu ideología, que siga sabiendo lo que quiere y hasta qué punto. Que le falten horas a sus días y que venga a robármelas a mí, aunque sea de madrugada. Pídeles que encuentren la fórmula que tienes para que me sea imposible pensar que hay algo más allá de ti y nuestra circunstancia. Aprovecha la oferta y exige que me lo envíen sin gastos de envío, con solo ganas de mí. Si no es pedir mucho, pídeles que añadan un chip que tenga grabado mi nombre, que recuerde que es mío y que no olvide que yo soy suya. Y si no es posible eso, pide al menos la garantía y asegura mi corazón a todo riesgo, porque últimamente está hecho mierda y no quiere ver a nadie que no seas tú.


domingo, 9 de septiembre de 2012


Supongamos que cada mañana al levantarte te encuentras 1.440 euros. Sin hacer nada para ganarlos, sin esfuerzo alguno. Puedes regalarlos, gastarlos, divertirte con ellos o quemarlos. La única condición es que los que no uses, al final del día desaparecerán. Así funciona la vida. La diferencia es que lo que te encuentras cada día no son 1.440 euros, son 1.440 minutos. Piensa bien qué vas a hacer con ellos. Los que no uses, se perderán.





sábado, 1 de septiembre de 2012

Fingían no haberse querido cuando realmente habían llegado a amarse. Fingían no ser nada cuando lo habían sido todo. Fingían que sus cuerpos nunca se hubieran encontrado, ni que se hubieran bañado en caricias y sudor. Fingían no haberse robado ningún beso, ninguna mirada ni ninguna sonrisa tonta; aunque bien sabían los dos que tan solo estaban fingiendo y que, a veces, el pasado es mejor dejarlo atrás. Ahora solo son dos desconocidos que se conocen muy bien, dos jóvenes perdidos intentando encontrar nuevos sueños que cumplir, dos corazones que no tratan de olvidar sino de guardar bajo llave mil historias que no volverán, dos falsas miradas de odio que pretenden que ese loco sentimiento no vuelva a nacer. Se trata de miradas perdidas en recuerdos de un amor marchitado pero que se niega a desaparecer.